Al camarín llegó la sombra de un aplauso,
quedó flotando en la penumbra la emoción,
cayó el telón y allí se va Chaplín
al camarín,
a despegarse el bigotito y el dolor.
Frente al espejo un pibe quiere consolarlo
acariciándole la cara y el mechón.
¡Está tan triste!... hoy supo la verdad:
la realidad
es decorado de cartón.
Se van Gardel y Marilín,
como despojos desterrados del cartel
y al despedirse él le regala su sonrisa de galán
y ella una lágrima manchada de carmín.
La escena anuncia otro final:
el de la pálida mirada del adiós
y hay un silencio resignado
que lastima en el pasado
al ver que el cine, nuestro cine, ya no está.
¿Adónde fueron esos besos de penumbra?
¿Y los suspiros del amor de celofán?
Allá se van y duele tanto ver
como el ayer
al refugiarse en el olvido duele más.
Se va Chaplín a su horizonte vagabundo,
con ese sol que lo condena a la ilusión.
Debe pensar que somos un disfraz
porque en sus ojos veo un halo de perdón.